La gran película “inaccesible”

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Podría apostar a que, con el tiempo, a “La gran belleza” (2013) se le reconocerá por ser uno de los filmes más influyentes de la década y una película de culto con todas las letras. ¿El motivo? Una película que la primera vez que ves te decepciona pero con el paso de los días deja poso, hasta el punto en que te ves en la necesidad de hacer un nuevo visionado, es poco habitual. Además, en ese segundo visionado te fijas en cosas que en el primer visionado no percibiste por la sencilla razón de que es una película que necesita ser revisada para poder disfrutarla como se merece.

 

Normalmente la mayoría de las obras maestras del cine giran en torno a una temática principal que se desarrolla mediante una estructura narrativa clásica de 3 actos (planteamiento, nudo y desenlace) cuya conclusión es consecuencia de la herramienta principal con la que los guionistas enganchan al público: CONFLICTO. Pues bien, el problema que nos encontramos durante el primer visionado de “La gran belleza” es que no hay atisbo de conflicto real al que el cine nos tiene acostumbrados, dando la sensación de que la película es una constante presentación de personajes en lugares donde, más adelante, esperamos que pase algo fuera de lo cotidiano, un conflicto. Entre tanto, seguimos los pasos de Jep Gambardella, un periodista de 65 años cuya vida gira en torno a las consecuencias del gran éxito del libro que publicó cuando era joven, durante una sucesión de secuencias que ilustran una high class romana anclada en festejos y charlas entre vanidosos a los que ya sólo les queda aparentar ser felices por no reconocer que han pasado demasiado tiempo pretendiendo ser algo que no son.

 

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Se puede decir que la primera vez que ves “La gran belleza” es similar a ir a un buen restaurante con expectativas de comer un bistec y, sin darte cuenta, haber disfrutado de unos entrantes de primera hasta el punto de llegar al postre. Luego descubres que en ese restaurante de cuidada estética minimalista y trato inmejorable la gente no va a comer bistecs. Sales con una ligera sensación de decepción por no haber saciado tu antojo de carne pero grabas en tu cabeza el nombre del lugar para volver en futuras ocasiones a disfrutar del resto de ventajas que puede ofrecer, que son muchas y muy buenas.

El filme de Paolo Sorrentino, extraordinario cineasta italiano a tener muy presente, ofrece grandes satisfacciones a los amantes del cine: una preciosa fotografía, una banda sonora maravillosa, una realización impecable, diálogos memorables, reflexiones interesantes, y uno de los mejores personajes principales de lo que llevamos de siglo (el carismático Jep Gambardella, interpretado por un inmenso Toni Servillo). En definitiva, si os gusta el cine tenéis que verla. Sencillamente prodigiosa. Id al cine.



 

Fuentes fotografías “La gran belleza”:

http://www.mymovies.it/cinemanews/2016/130842/

http://www.altiasi.ro/film/frumusetea-ca-exercitiu-uman-fata-neantului

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